La sexualidad esta para ayudar al ser humano a equilibrarse. Esa es la razón de que se encuentre a lo largo de toda su vida desde que nace hasta que muere, y que este situado en un lugar de privilegio en el cuerpo humano como es el cerebro (nada es casualidad, y el cuerpo da a cada uno su lugar según su utilidad o función), lo que hace que pueda relacionarse con todo él de forma directa (lo que está situado en el mismo lugar,  el cerebro) o indirectamente (todo el resto del cuerpo).

“El órgano sexual más importante de nuestro cuerpo está entre nuestras orejas y no entre nuestras piernas”

Sus beneficios son tales que engloba desde el aspecto físico, mental psicológico, energético, de comunicación con uno mismo y de sus relaciones sociales,…, que cada vez las nuevas investigaciones van dando a conocer más ventajas (ver beneficios libro sexualidad Intención Atención Dedicación).

Si la sexualidad es tan natural en el ser humano como respirar, comer, beber,…y está hecha para equilibrarnos en todos los aspectos, y aportar  beneficios a nuestra salud, mente,… ¿qué ha sucedido para que la realidad no sea ésta?; ¿por qué una sexualidad llena de creencias y aprendizajes condicionados?; ¿por qué tantos trastornos y disfunciones sexuales, insatisfacción,…? 

El conocer como funcionamos puede hacer entender nuestros comportamientos, actitudes,…darnos respuestas a todas nuestras preguntas y  comprender nuestra propia realidad desde una sexualidad donde todos sus múltiples aspectos se interrelacionan prevaleciendo la unidad.

  Es en esa unidad donde la sexualidad armonizada con el conjunto puede realizarse con plenitud.  Más allá del placer tan parcial del sexo puramente instintivo, nos espera el amplio horizonte de una sexualidad completa, de una sexualidad feliz.

EL PRINCIPIO

Funcionamos a partir de respuestas condicionadas, creencias… Es simple. Cuando nacemos según el medio que nos corresponde vivir, prevalece su adaptación, la supervivencia, nuestro cerebro recibirá toda la información del exterior, creará sus sinapsis neuronales según es vista , aceptará la programación exterior sin cuestionarla como real y verdadera, uniéndose al a la programación genética y biológica que traemos puesta. Esto sucede con la sexualidad y con todo lo que nos acontece en la vida.

Y es que hay conclusiones, creencias, aprendizajes condicionados,… en nuestra infancia que “decidimos” arrastrar durante toda nuestra vida. Sin detenernos a cuestionarlas nunca.

Para sacar todo el partido y el potencial posible a nuestra sexualidad debemos empezar por saber quiénes somos en realidad. Para ello, no podemos perder la referencia de esos condicionamientos impuestos (que nos hemos puesto o hemos dejado que nos pongan) durante nuestra vida.

Hasta que no sepamos quienes somos, hasta que no nos familiaricemos con la realidad que subyace en nosotros, hasta que no lo conozcamos y entendamos su potencial, no podemos tener una base sobre la que trabajar, una realidad que potenciar, un proyecto sólido sobre el que construir. La vía que decidamos utilizar para nuestro “trabajo interior”, para conocer nuestras creencias y aprendizajes condicionados, debe tener unos ingredientes básicos: el amor, el perdón y la aceptación, a través del amor a nosotros mismos, expandir el objetivo de conocernos mejor. 

El sexo constituye una de las lecciones más difíciles de aprender. De nosotros depende que éste nos conduzca a la verdadera armonía y comprensión, o por el contrario nos lleve a las frustraciones que desembocan en mentiras, discusiones y desencantos. El intercambio enriquecedor de todo el potencial de energía que una pareja puede generar en el sexo exige sinceridad, entrega y valentía.

En la valoración de nuestro bienestar no se trata de si practicamos el sexo o nos excedemos con él, sino de comprendernos a nosotros mismos a través de nuestra sexualidad, de nuestra capacidad de intercambiar información con nuestra pareja a los niveles extremadamente intuitivos, sin palabras, con el que experimentamos el mundo a través de él/ella.

El sexo es una fuerza, una energía creativa que nos da la oportunidad de trascendernos o de hundirnos, dependiendo de nuestra capacidad para aprender a nadar en el sentido de la corriente de esa energía y de cómo la utilicemos. Ni el promiscuo ni el célibe conocen la riqueza de la experiencia sexual, porque el sexo no es un extremo, sino la línea central de nuestro ser armonizado.

Lo único que determina la riqueza del sexo que uno puede experimentar es la conciencia de la propia sexualidad, acompañada de salud, sensualidad, sensibilidad, empatía, respeto, tolerancia, comprensión, y en definitiva de la capacidad de amar.

El resto viene solo de la mano de la energía:

Todo en el Universo es energía. Nosotros somos energía. La vida en nosotros es la magia que pone cada célula en vibración, cada una con su frecuencia, para realizar la función que tiene encomendada. La energía mental tiene una frecuencia vibratoria diferente de la emocional, de la motriz muscular, y también de la energía sexual. Cada ser vivo es un conjunto de fuerzas vibratorias que conforman la calidad de energía que proyecta al entorno.  Cada cuerpo celeste tiene también su propia energía, armonizada con el resto de la galaxia. Y cómo no mencionar la energía cósmica que utilizan métodos de sanación cómo IRECA o Reiki…  En la unidad armónica del Cosmos, lo macrocósmico se refleja en lo microcósmico y viceversa, para confirmar el principio hermético “Como es arriba, así es abajo”.

Como ves, es fácil concluir que la sexualidad plena sólo puede manifestarse en la armonía del conjunto al que pertenece, que es tu Ser, a eso que llamas “Yo”.